Educar es distinto de formar, primero la educación se define por la noción de hombre y los valores que lo sustentan. La ecuación es el medio más eficaz de llevar a cabo el vínculo entre las generaciones. El estudio de los sistemas educativos muestra que de una sociedad a otra existen diferencias fundamentales; la comparación en ecuación no se limita exclusivamente a los sistemas escolares, también toca los modos, prácticas y saberes que la rigen.
En todo sistema educativo subyacen tres principios: la educación para la vida, para el trabajo y para la realización plena de los individuos. Educar es acogimiento, acompañamiento y desprendimiento, la educación presenta una dimensión espiritual, política y económica.
La educación también es diferente de la formación por las construcciones simbólicas que produce, el acto de educar presupone una práctica que se aprende por la experiencia del vivir.
El ritual de simulación aparece en cada grupo y es la base de la iniciación. El discípulo ve los movimientos de su maestro y comienza a imitarlo; el tiempo del discípulo es la espera, la paciencia y el silencio; también en ver y el observar. Este tiempo es necesario para poder actuar, una vez que el discípulo se separa de su maestro; cuando debe poner a prueba lo aprendido. El temple del alumno se ve en la manera como actúa, como resuelve sus propios problemas. Cuando pasa del silencio a la palabra y de ésta al argumento.
La infancia es el primer momento de la educación; es el futuro de la sociedad. Cuando se le transmiten los valores y las costumbres se dice que hay acto educativo. La educación adviene en la lucha entre razón y animalidad. El recién nacido tiene tendencia a permanecer en el estado inicial y la educación busca apartarlo.
La educación se dirige, en sus actos y en sus hechos, al control del instinto; la formación lo reflexiona. Al ser modificable y enteramente transformable, el instinto aparece como el objeto de lucha de la razón.
En el juego hay una razón, que no siendo práctica ni crítica evidencia el momento del encuentro. La razón del juego consiste en celebrar el mundo de otro modo; ir al encuentro del otro para expiar la soledad que nos acompaña.
La metáfora del juego, como lo señala Pearce, consiste en mostrarnos que es un diseño de acontecimientos siempre cambiantes, se educa con la razón en detrimento del sentimiento; con la libertad a pesar del otro y su especificidad.
La educación es una práctica de la libertad, aunque ésta última no sea un objeto sino un estado que se vive. Esta práctica tiene sus desarrollos en nuestro medio como la pedagogía liberadora, a través de la conciencia que cada uno va tomando en su devenir, cuando está expuesto a la exclusión.
La libertad como objeto de la educación alude a la naturaleza del hombre, a su especificidad, a su vocación, la formación, en cambio, reflexiona la libertad desde la experiencia del vivir, del estar y de pensar. Todo hombre formado piensa su libertad y reconoce sus límites, pero lucha contra ellos.
Resumiendo lo hasta aquí expuesto, podemos decir que la educación, por su práctica, busca conferir en el individuo un conjunto de valores de manera que pueda participar, plenamente, de la vida en sociedad.
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Comparto contigo tu reflexion mi Moni, Educar es cultivar a un tiempo el conocimiento de lo verdadero,la voluntad de lo bueno y la sensibilidad de lo bello.
ResponderEliminarUn beso
Así es mi querida Yohamis, usted siempre tan elocuente y alegre. Gracias por tu comentario y espero que estés pasando un lindo fin de semana.
ResponderEliminarHola Moni: Visitando tu blog, por invitación de Rose. Me da mucho gusto saber de ustedes. Te felicito por tus aportaciones, una delicia intelectual y culinaria. Un abrazo. Blanca Estela Ortiz Oscoy
ResponderEliminarMoni:
ResponderEliminarSé que el autor que te tocó leer opina lo que nos has hecho favor de darnos a conocer.
En mi opinión la educación y la formación van de la mano.
Cuando educamos no sólo transmitimos conocimiento sino también valores y así estamos participando en la formación del individuo.
Podemos compartir con los demás nuestras ideas y costumbres y respetar las de otros; creo que también de esta manera educamos y formamos.
Noemí